Danny Lew

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China debe cambiar para seguir su ascenso

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En China falta equilibrio, coordinación y sustentabilidad en el desarrollo económico ¿Quién se atreve a hacer una evaluación tan pesimista de la economía más dinámica del mundo antes de una reunión de extranjeros influyentes en el corazón de la misma China? La respuesta es el primer ministro Wen Jiabao en el "Davos de verano" hace unos días en Tianjin. Está en lo cierto. Cuando casi todo el mundo cree que China es invulnerable, ¿qué podría salir mal? Como dijo Andy Grove de Intel: "Sólo los paranoicos sobreviven". Wen es sabio al tener igual cautela.

Sin embargo, como también señaló Wen, "los dos últimos años han hecho que China surja como uno de los primeros países en lograr una recuperación económica, y mantener un desarrollo económico estable y relativamente rápido, bajo circunstancias extremadamente difíciles y complejas". Wen añadió: "Debemos nuestros logros (…) a la implementación del paquete de estímulo". Como resultado, la economía creció 9,1% en 2009 y 11,1% en el primer semestre de 2010.

Este éxito ha seguido tres décadas de crecimiento muy rápido. En términos de paridad de poder adquisitivo, el producto interno bruto per cápita ha aumentado casi diez veces desde que comenzó la "reforma y apertura" bajo Deng Xiaoping en 1978. Es un registro notable, pero no sin precedentes. La tasa de "acercamiento" de China a EE.UU. no es tan diferente a la de Japón antes de mediados de los "70 y a la de Corea del Sur entre comienzos de los "60 y la crisis financiera en 1997. Lo que es diferente, sin embargo, es la escala del país y su pobreza inicial. El PIB per cápita (en paridad de poder adquisitivo) de China era de apenas 4% de los niveles de EE.UU. en 1978. Incluso ahora, es menos de una quinta parte. Este último está en la posición de Japón en 1950 y de Corea del Sur en 1978. Para que China alcanzara el PIB per cápita relativo de Japón antes de que el crecimiento se frenara, disfrutaría de otros 25 años de veloz expansión económica, emergiendo por lejos la mayor economía del mundo.

¿Qué podría detenerlo? Algunos apuntan al rápido crecimiento monetario, burbujas de crédito, alzas en los precios de los activos y deudas incobrables. Pero estoy de acuerdo con Jonathan Anderson, de UBS, un respetado analista de la economía china, en que esta preocupación es exagerada. El crecimiento del crédito ya se está normalizando. Wen afirma que el coeficiente de adecuación de capital y la relación de los préstamos morosos se sitúan en 11,1% y 2,8%, respectivamente, ambos en territorio seguro. Más importante, mientras el gobierno siga siendo solvente y se mantenga el crecimiento, el sector financiero debe ser incapaz de crear una crisis inmanejable. Un país que se urbaniza aceleradamente con una economía que crece 8%-10% anual crecerá para salir de las crisis, entre otros absorbiendo exceso de capacidad.

La opinión pesimista más interesante proviene de Michael Pettis de la Escuela de Administración Guanghua de la Universidad Peking. La característica del crecimiento chino es que es "desequilibrado", como resalta Wen: es muy dependiente de la inversión como fuente de demanda e impulsor de la oferta. Es, en cierto sentido, la economía más "capitalista" en la historia.

Así, entre 1997 y 2009, la inversión bruta aumentó de 32% al 46% del PIB, mientras que el consumo doméstico se redujo de 45% del PIB a sólo 36%. Este debe ser el porcentaje más bajo de consumo de cualquier economía importante. En un país con cientos de millones de personas pobres, es incluso chocante. Mientras tanto, la tasa de aumento de la inversión ha sido el principal motor del crecimiento. En la década de 2000, la "productividad total de los factores" -aumentos en la producción por unidad de insumotambién fueron importantes. Pero la contribución de la mayor eficiencia se ha ido desvaneciendo.

Esto, sostiene el profesor Pettis, es una "versión remozada" del modelo de desarrollo asiático que vimos en Japón y Corea del Sur en décadas anteriores. Las características de este enfoque orientado a la producción son: una transferencia de hogares a la manufactura, a través de bajas tasas de interés para el ahorro, salarios contenidos y un tipo de cambio deprimido; una inversión muy alta; un crecimiento rápido de las exportaciones y elevados superávits externos. China es Tras un breve pausa por el verano boreal, el debate en Estados Unidos sobre el tipo de cambio de la moneda china ha vuelto a toda marcha. Esta vez, sin embargo, va más allá de colgarle a Beijing el indeseable cartel de “manipulador cambiario”. La Cámara de Representantes, insatisfecha con el ritmo letárgico de la apreciación del yuan desde que esta moneda fue desenganchada del dólar en junio pasado, está contemplando aprobar una ley que impondría “derechos compensatorios” sobre las importaciones que se consideren deslealmente subsidiadas por el Estado.

Es evidente que los exportadores chinos se benefician con gigantescos subsidios estatales. Beijing interviene a enorme escala para mantener bajo su tipo de cambio. El ritmo de estas intervenciones no se hizo más lento durante la crisis: las reservas en divisa de China representaron más de la mitad del incremento global de reservas en el período entre enero de 2008 y junio de 2010. Además de perjudicar a los exportadores de otros países, estas intervenciones contribuyen a crear desequilibrios comerciales que son peligrosos para la economía mundial.

Pero aplicar aranceles a las importaciones chinas no es efectivo, y es innecesariamente confrontativo teniendo en cuenta que China ha estado dispuesta a responder a la preocupación estadounidense —aunque a ritmo de caracol— a través de la diplomacia. Ha permitido que el yuan se apreciara en casi un punto porcentual desde que Lawrence Summers visitara Beijing hace tres semanas, cuando todavía era el principal asesor económico de Barack Obama. Esto representa cerca de la mitad del incremento total que la moneda tuvo desde junio. También vale la pena señalar que el superávit comercial de China tiene una tendencia declinante desde 2007.

Por supuesto, es cierto que China debería moverse más rápido, pero aplicar el castigo de los aranceles en este momento sería contraproductivo, ya que le daría al país oriental una excusa para suspender su apreciación del yuan, especialmente dado que otros países también optaron por intervenir para gestionar sus tipos de cambio (como hizo Japón hace poco). Las medidas unilaterales podrían incluso disparar una guerra comercial, que es lo último que necesita la economía global en este momento.

Por otra parte, los derechos sobre las importaciones apenas afectarán el superávit chino que se debe, en gran medida, a los bajos salarios y la alta tasa de ahorro. Los desequilibrios se mantendrán, y la recuperación de la demanda mundial será frágil, en tanto la segunda economía del mundo continúe gastando tan poco.

La necesidad de reequilibrar la economía de China es el verdadero tema que deben enfrentar EE.UU., la comunidad internacional y la propia China. Una propuesta de ley del Congreso logrará poco en este sentido. Y hasta se correría el riesgo de hacer descarrilar las relaciones entre las dos mayores economías mundiales. Para que la economía global vuelva a pisar en firme, el primer tema en la agenda debe ser el la vuelta al equilibrio, y no los tipos de cambio.

http://www.cronista.com

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Written by Moderator

septiembre 28, 2010 a 3:28 pm

Publicado en Uncategorized

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